sábado, 7 de junio de 2014

Ciudad



Durante este quatrimestre he tenido que escribir dos redacciones para portugués. La primera, sobre gastronomía, ya está publicada (justo debajo de esta). Dado que le gustó a mi profesora y no le pareció demasiado desviada del tema, decidí seguir el mismo camino para la siguiente redacción. Me pedían describir una ciudad, así que bueno, me intenté adaptar a ese tema sin desviarme demasiado. Creo que el resultado es óptimo. Me gustaría escribir una novela, o relatos largos e interesantes que cautiven al lector... pero mi inspiración no funciona tan bien Y no me empujo lo suficiente, así que me conformo con esto.
Animo a cualquiera a quien le interese que lea primero la entrada anterior, para ponerse un poco en situación con los salvajes civilizados que son la gente de Sanstotzka.  Los comentarios siempre son bienvenidos, espero que os guste.

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Niskgorod es la típica ciudad sanstotzkiana. Está situada en la costa, a 30 kilómetros al norte de la capital. La mayoría de sus setecientos mil habitantes viven para la industria. Esto no la convierte en una joven ciudad fábrica, sino que es muy antigua. Sus habitantes aún recuerdan la antigua tradición marinera que la caracterizaba.  Hasta la invención del barco a vapor, fue la entrada marítima de todo el comercio de Oriente hacia Occidente. Hoy no conserva ese protagonismo y el salmón se ha marchado en busca de mares más azules, por lo que los únicos barcos del puerto son los que llevan a los turistas al archipiélago de Parov.   
En Sanstotzka no existe el turismo como lo conocen en otros países. Después de la última guerra, el estado mantuvo cerradas todas las fronteras del país. Sin el esfuerzo de guerra la producción se relajó, pero los obreros seguían trabajando con horarios estrictos y asfixiantes. El ministro de Ciudadanía conocía el creciente fenómeno de las vacaciones pagadas que estaba surgiendo en otros países, y creía que era una gran forma de mantener contento al pueblo y unirlo culturalmente. Presentó la idea al secretario general y, solo tres planes quinquenales después, los primeros obreros de la capital llegaban a Niskgorod de vacaciones. La Iglesia de los Antropófagos, la Plaza de Sangre o el propio mar son algunos de los puntos turísticos más interesantes.
El obrero sanstotzkiano, normalmente atrapado entre el martillo y la cadena de montaje, sueña con la caza todas las noches. Por desgracia, la fauna local se agotó hace más de cien años y traer a cualquier gran mamífero de fuera es muy costoso, por lo que la prestigiosa caza sanstotzkiana se perdió, aunque se conserve el espíritu. El mar es otro cantar: el tiburón dragón es el último animal local digno de atención. Su caza se ha convertido en un deporte de riesgo que apasiona a cualquier hombre o mujer con sangre en las venas. Y para los sanstotzkianos demasiado jóvenes, demasiado viejos, o demasiado poco sanstotzkianos siempre está la playa. Con una máxima temperatura de diez grados en verano, la playa ofrece frescura y paz al turista.
La Plaza de Sangre es el orgullo de la ciudad. Una vez al año, el estado financia la compra y transporte de uno o más animales salvajes, cuanto más peligrosos mejor. La Plaza es un circo con una arena en el centro y el espectáculo, obviamente, es un combate a muerte entre los afortunados ganadores de la lotería nacional y los animales. Es una de las tradiciones más violentas y queridas de la nación y atrae turistas de todos sus rincones.
Por último, el edificio al que llaman Iglesia de los Antropófagos. La Iglesia del cuerno del Oso siempre ha sido una institución inestable, como ejemplifica esta anécdota de finales del medievo. Un acalorado debate sobre la inmortalidad de la carne (concepto que no podemos explicar en un pequeño artículo)  estuvo a punto de provocar una escisión permanente en la sociedad eclesiástica. Narra el padre Corman en su diario que, reunido con otros sacerdotes, uno de los cuales le llevaba fervientemente la contraria, se ausentó con el fin de aserenarse y meditar un momento. Rezó a San Godev, un príncipe beatificado por intentar envenenar a un rey (su hermano, el cual demostró ser un tirano) y no halló paz en su rezo, sino una idea. Volvió a la reunión armado y sin mediar más palabra que «vas a ver tú la inmortalidad de la carne», asesinó a su contrincante y lo devoró ante la mirada atónita de los otros clérigos. Convencido de su misión divina, animó a los demás a seguir su ejemplo e iniciar una cruzada contra los «herejes» que defendieran la inmortalidad de la carne. Dicha cruzada no duró demasiado: el mismísimo pueblo llano capturó en la calle a los sacerdotes (de ambos bandos) y los linchó. Y es que la opinión popular considera sacrílego enfrentarse y devorar a un adversario en igualdad de condiciones. Hoy día sigue habiendo sacerdotes, aunque se reúnen poco y procuran pasar desapercibidos.


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